La historia de Anna

Mientras Anna conducía su coche y apenas era consciente de los árboles centenarios que iba dejando atrás, percibió un extraño ruido proveniente del motor. Ya lo había escuchado otras veces, y en ese momento pensó que quizá debería hacer revisar el coche antes de que el problema empeorase. De hecho, llevaba regularmente el coche al mecánico para una revisión y asegurarse de que no tenía ningún problema.

Mientras ella se preocupaba por su coche, a su madre le diagnosticaron mieloma maligno, un tipo de cáncer de piel, que probablemente empezó a desarrollar varios años antes. Nadie en la familia lo sabía.

Apenas seis meses después, Anna condujo su coche, ya reparado, al hospital. Se sentó en la consulta  del médico y le informaron de que el cáncer que su madre sufría era hereditario e inoperable, y que sería necesario un milagro para que pueidera sobrevivir. El médico le ofreció sus condolencias, ya que su madre sólo tenía 58 años de edad.

Ahora Anna siente temor a desarrollar esta enfermedad que sufrió su madre, para la que no hay cura.

Pero no tiene porqué sentirse así. Vivimos en una época en la que podemos prevenir muchas de las enfermedades, y sus consecuencias.

Mientras mira por  la  ventana, preguntándose qué podría haber hecho para que las cosas hubieran sido diferentes, su coche está aparcado en la puerta  de su casa, listo para ser llevado al mecánico para una revisión sin esperar a que el coche tenga un problema.

¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestro  cuerpo? ¿Por qué no revisamos nuestra salud periódicamente, en lugar de esperar a estar enfermos?